
Desde que decidí trabajar un poco la calma, todo empezó a ir más suave.
Y tengo que reconocer que me costó mucho darme cuenta de que eso era justo lo que necesitaba. Bueno, en realidad no sé si lo encontré, lo reconocí o simplemente vino a buscarme y la meditación me ha llevado a ser menos reactiva, aceptar más y quererme más.
La meditación llegó a mi vida poco a poco y, casi sin darme cuenta, me ayudó a ser menos reactiva, aceptar más y tratarme con más cariño.
Muchas personas creen que no existe una verdadera meditación hasta que consigues dejar la mente completamente en blanco. Pero la realidad es muy distinta. Y creo que entender esto puede cambiar por completo la manera en la que vivimos la meditación sobretodo si eres principiante.
Cada etapa tiene su ritmo. Lo bonito es integrar ese aprendizaje y que disfrutes de cada evolución. Bueno, mejor aún, que goces cada sesión de meditación ya sea online o presencial.
Para mí unir la meditación al baile fue todo un descubrimiento porque, con un poco de conciencia, fui lentamente siendo capaz de calmar mi mente sin la necesidad de dejarla vacía por completo de pensamientos.
Cuando pones en el centro tu mente, pero además le das espacio a tu cuerpo, de repente el alma se une a la fiesta y las tres dimensiones te hacen fluir.
Te puede sonar un poco terrenal. A mí al principio también me costó entrar.
Yo era escéptica y no entendía cómo la gente podía encontrar serenidad en una actividad que, para mí, de entrada, era súper frustrante.
Y empecé a juzgarme por ser incapaz.
Y me empecé a enfadar conmigo misma por no llegar.
Pero en medio de estar pensando si abandonar la meditación para siempre o no, tuve la suerte de encontrar un gran maestro que me acompañó a transitar ese camino en el que casi había optado por la retirada.
Y hoy es el día que no sé en qué lado disfruto más. Si como practicante o como guía.
Porque tener en mis manos la oportunidad de proporcionar un poco de bienestar casi me resulta tan placentero como alcanzarlo para mí.
La meditación puede llevarte a estados de muchísima paz, pero cada persona vive ese proceso a su ritmo.
No hay una única forma correcta de practicar mindfulness para principiantes. Lo bonito es permitirte descubrir tu propio camino y aprender a disfrutar cada pequeño avance.
En mi caso, unir la meditación al movimiento consciente y al baile fue un auténtico descubrimiento. Poco a poco fui sintiendo que podía calmar mi mente sin la necesidad de obligarme a dejarla vacía por completo.
Cuando le das espacio tanto a tu mente como a tu cuerpo, sucede algo difícil de explicar: empiezas a sentirte más presente, más conectada y más en paz contigo misma.
Al principio yo también era escéptica. No entendía cómo alguien, podía encontrar serenidad en una en una clase de meditación online o presencial y que para mí resultara tan frustrante.
Pero justo ahí empezó mi aprendizaje.
En uno de esos momentos en los que pensaba abandonar mis clases de meditación para siempre, tuve la suerte de encontrar un gran maestro que me acompañó en ese proceso.
Y gracias a ese acompañamiento entendí que la práctica no iba de hacerlo perfecto. Iba de escucharme, aceptarme y dejar de luchar constantemente conmigo misma.
Hoy la meditación y el mindfulness forman parte de mi vida como una herramienta para reducir el estrés, encontrar calma mental y volver a mí cuando siento que me pierdo entre pensamientos y emociones.
Y sinceramente, no sé qué disfruto más: si vivirlo como practicante o compartirlo como guía y instructora de Meditación y Mindfulness.
Porque igual que un día alguien me ayudó a comprender que meditar no era hacerlo perfecto, sino aprender a escucharme y tratarme con más calma, me encantaría poder acompañarte a ti también en ese proceso.
A descubrir que la meditación no consiste en dejar la mente en blanco, sino en aprender a habitarte de una forma más amable, consciente y tranquila.
Y ojalá, poco a poco, puedas hacer de la meditación un espacio seguro y tuyo, igual que un día acabó convirtiéndose en el mío.
Un Viaje Guiado hacia el Bienestar Personal con Ejercicios Diarios de Autoconciencia